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Desde Hacienda Barú

  • by dominicaldays
  • 23.01.11
  • 9:18 PM UTC
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Ley y Orden en las Zonas Rurales

Previo a los años 80, la península de Osa era un lugar salvaje y sin ley, una tierra de exilados. Cualquier criminal deseando escaparse de la autoridad y dispuesto a enfrentar las dificultades de la selva huía a la Osa. La mayor parte sacaba oro para vivir. Ganaban suficiente para comprar alimentación, bastante guaro y para llevar a cabo la rutina cotidiana, pero ninguno se hizo rico.

Visité la península de Osa por primera vez en 1972. Aterrizamos en un campo de aterrizaje pequeño en una avioneta de un motor. Nos esperaba un señor llamado Santiago. Pasando por Puerto Jiménez noté varios bares, una ferretería pequeña y hasta una gasolinera, pero ningún puesto de policía. Pasamos por una pulpería para comprar unas galletas y refrescos. Desde ahí manejamos sobre un camino feo para ver una finca. Un par de horas después regresamos a Puerto Jiménez donde nos montamos en la lancha de pasajeros para Golfito. Fuimos apenas cinco pasajeros esa tarde y a Ignacio el capitán le gustaba hablar. Nos explicó que aproximadamente 90% de los habitantes de la península eran buscados por la autoridad por algún crimen. Mientras se quedaban en la Osa no había ninguna preocupación, pero se engañaban pensando que la policía los habían olvidado. Se montarían en una de las dos lanchas de pasajeros que viajaban regularmente a Golfito con la idea de volver a integrarse a la sociedad sin que nadie los notara. Lo que no sabían es que la policía tenía una lista casi completa con fotos y descripciones de cada uno de los criminales que vivía en la Osa. Dos o tres policías esperaban cada lancha y detenían a cada persona buscada que llegara.

Mi amigo Patrick vivía en la Osa durante 26 años desde principios de los años 60 hasta finales de los 80. Caminaba sobre la totalidad de la península con una romanita fina en la mochila y un gran rollo de efectivo en la bolsa, y compraba oro a los oreros. Siempre pagaba un precio justo para el oro y nunca trataba de engañar a nadie. “Nadie me molestaba nunca,” me dijo. “Empecé a comprar en el momento que el precio de oro venia en alza, y todos pensaron que yo fui el responsable para el alza. No querían que nada me pasara a mi por temor de que el precio volviera a caer.” Cuando Patrick comenzó a comprar oro el precio rondaba los $100 por onza y cuando salió de la Osa estaba alrededor de $800 la onza.
Según Patrick ningún acontecimiento era tan grave como para traer la policía a la Osa. En dos ocasiones él fue testigo de la muerte de un hombre en una riña en un bar. Simplemente jalaron el muerto para afuera y volvieron a la borrachera. El día siguiente alguna persona lo enterrara. Todo el mundo portaba arma de fuego. Era un ambiente más o menos parecido como de las películas del oeste de Estados Unidos. Los años 80 trajeron caminos a la península y con caminos vino la policía. El área es siempre lejos de ser un gran ejemplo de ley y orden, pero por lo menos nadie escapa de la ley después de matar a otro hombre en un bar público.

Antes de 1940 el área alrededor de Dominical también era un lugar sin ley y orden. El puesto de policía más cerca era San Isidro de El General y se llamaba la Agencia Principal de Policía. El jefe se llamaba el Agente Principal de Policía. Creo que el primer agente principal en San Isidro fue Don Juvenal Venegas García. Tenía el puesto desde 1914 hasta su muerte en 1928. Luego su yerno, Trino Montero Rodriguez ocupo el puesto.
A pesar de que no había ninguna presencia policial en Dominical o Uvita la gente que vivía aquí por lo general eran agricultores y ganaderos acostumbrados a trabajar duro, muy distinto a los residentes de la península de Osa. Historiadores han comentado que el problema más importante era el licor clandestino, pero difícilmente esto era un problema para la gente que vivía aquí, sino solamente para el gobierno que no podría cobrar los impuestos sobre el licor proveniente de sacas caseras. Esto no quiere decir que no había robos, disputas entre vecinos y hasta homicidios, porque definitivamente sucedieron esas cosas. Pero esta área no mostraba el ambiente del oeste salvaje tan típico de la Osa.

Emilio Vargas, quien era destinado a ser el policía más memorable de Dominical, nació en 1930 en San Isidro de El General. Cuando tenía apenas seis años acompañó a su tío en un viaje a Dominicalito para traer a caballo una mercadería que estaba guardada ahí en una bodega. Lanchas largas llamado bongos transportaban productos como arroz, frijoles y maíz al mercado en Puntarenas y regresaron con las cosas que no se conseguían en el área, tales como herramientas, tela, sal, y medicinas. Productores de San Isidro llevaban café, azúcar y tabaco a Dominicalito y Uvita a caballo o en carreta. La dejaron con un hombre conocido como Chucuyo y otros que tomaban responsabilidad de la mercadería y la cargaron en el próximo bongo que pasaba. Chucuyo también daba los pedidos al capitán del bongo para los artículos a comprar en Puntarenas y traer de vuelta. El propósito de la visita de Emilio a Dominicalito era ayudar a su tío con la mercadería que habían pedido del puerto. En ese tiempo no había ningún policía en el área. No fue hasta 1940 cuando Emilio tenía diez años, un hombre llamado Gonzalo Gutiérrez fue nombrado el primer Agente Principal de Policía en Dominical. Luego fue reemplazado por Pepe Morales.

Durante la breve pero sangrienta guerra civil de 1948, los agentes de policía se unieron a alguno de los dos lados del conflicto. Las tropas revolucionarias de José Figueres Ferrer, conocido como Don Pepe, vino a San Isidro por el Cerro de la Muerte y tomó la ciudad. El día 16 de Marzo de 1948, tropas del gobierno bajo el mando del General Tijerino llegaron por mar y desembarcaron en Dominicalito. Marcharon hasta San Isidro donde chocaron con los revolucionarios en una feroz batalla de 36 horas de duración. El General Tijerino fue derrotado y huyó hacia el sur. Los rebeldes lo alcanzaron en Palmares donde fue ultimado en una breve escaramuza.

Después de la victoria Don Pepe regresó a Cartago y desde ahí tomó San Jose y por ende el resto del país. El 20 de Abril un segundo destacamento de tropas del gobierno desembarcó en Dominicalito y marchó a San Isidro. Se atrincheraron en la loma donde hoy están ubicadas las instalaciones del Ministerio de Transportes. Estas tropas no sabían que la guerra se había terminado o no querían rendirse, pero no obstante la razón cuando regresaron las tropas victoriosas lo que sucedió era más como una matanza que una batalla. Había tantas fatalidades que la gente de San Isidro tuvo que construir una crematoria provisional para deshacerse de los cadáveres.

Poco tiempo después de la guerra civil Don Pepe eliminó las fuerzas armadas y Costa Rica llegó a ser el único país en América Latina sin militares. Los hombres quienes antes eran agentes de policía fueron reemplazados con otros que habían demostrado absoluta lealtad a Don Pepe. Durante muchos años después, cada vez que entró un nuevo presidente, despedía la fuerza policial entera y la reemplazó con una nueva. El trabajo de policía fue como una recompensa para el apoyo durante la campaña. Aseguraba lealtad al nuevo presidente, pero no promovía el profesionalismo policial.

Cuando llegué a Dominical en 1972 Don Pepe estaba cumpliendo su tercer mandato como presidente de Costa Rica, y un fiel partidario, Don Antonio Chacón era Agente Principal de Policía en Dominical. Su deber era mantener orden en la comunidad, pero también tenía la potestad de impartir citaciones e imponer multas. Si la persona no estaba de acuerdo con la multa el caso se elevó al próximo nivel, la cual se llamaba la Alcaldía, que en ese entonces era como un tribunal cantonal ubicado en la sede del cantón.

Pero Don Antonio Chacón era mucho más que un policía. Yo antes decía que al tener a Don Antonio como el Agente Principal de Policía era como tener un abogado en Dominical. Recién llegado a Hacienda Barú, uno de mis primeras tareas era lograr desalojar un precarista que había talado y quemado aproximadamente siete hectáreas de bosque. Don Antonio sugirió una reunión con el precarista, un hombre llamado Memo, y recomendó que le ofreciera comprar las mejoras, una casita y una milpa, las únicas dos cosas que tenían algún valor. Mandó una cedula de citación a Memo ordenándolo a presentarse en la agencia principal de policía a las 3:00 de la tarde el día siguiente. En ese tiempo la agencia era una casita construida sobre una roca frente a lo que es hoy Roca Verde. Don Antonio explicó a Memo que si yo llevara el caso a la Alcaldía que definitivamente lo iban a desalojar y probablemente lo mandarían a la cárcel. Memo se acordó venderme su casita y la milpa en 700 colones, $81 en ese tiempo. Don Antonio redactó un contrato en papel de oficio con sellos y timbres y todo. Ambos firmamos, pequé los 700 colones a Memo, y él abandonó la parcela voluntariamente. Una esquina de esa parcela es hoy el campamento de la selva de Hacienda Barú donde realizamos el tour la Noche en el Bosque. El resto es el bosque secundario más viejo en la reserva.

En este tiempo había otra fuerza policial activa en el país, la cual se llamaba el Resguardo Fiscal. Se encargaban de investigar y perseguir las personas involucradas en actividades que evadían pagar los debidos impuestos al gobierno, cosas como contrabando de licor y cigarros y sacas de guaro clandestino. Esta fuerza policial tenía la reputación de ser rudos y fuertes y nada amigable a la comunidad, tanto que la gente les pegó el apodo de “los gorilas.” Durante el tiempo cuando Don Antonio Chacón era Agente Principal de Policía en Dominical, Don Pepe decidió unir el Resguardo Fiscal y la Agencia Principal en una sola fuerza policial llamado la Guardia de Asistencia Rural (GAR.)

Don Antonio quedó en Dominical en la capacidad de delegado de la GAR, el primero. En 1975 a finales del mandato de Don Pepe Don Antonio fue despedido y el nuevo presidente, Don Daniel Oduber, dio el puesto a Don Emilio Vargas, conocido como “Millo.” La GAR era más que una simple fuerza policial,” dice Millo. “Justo como dice el nombre, daba asistencia en las zonas rurales.” Los oficiales de la GAR se involucraban en el desarrollo comunal, sirviendo en comités, juntas de educación y ayudando en la forma que podrían. “Claro que éramos policías, pero estábamos ahí para servir también.”

Durante sus 20 años como delegado de la GAR, Don Emilio nunca tuvo que disparar su arma. Una vez desarmó un borracho quien estaba disparando una pistola dentro del bar Miramar (ahora Roca Verde) la noche del 31 de Diciembre, pero lo hizo sin sacar su propio revolver. Sirvió en Uvita y también Dominical. “Dominical era tranquilo,” recordó. “Uvita siempre presentaba problemas.” Tuvo que detener los culpables de dos homicidios mientras estaba ahí, y enfrentar mucha delincuencia menor. En Dominical había algo de delincuencia y robos de ganado. La cosa más seria fue el huracán Juana, durante la cual Don Millo trabajó muchísimo para ayudar la comunidad, la cual estaba totalmente aislada del resto del mundo durante seis días.

Otros policías que han servido en Dominical eran: Antonio Solano quien era capitán del Resguardo Fiscal entre 1962 y 1966. Amancio Obando, que prestó su nombre a las “Rocas de Amancio,” fue Agente Principal de Policía desde 1968 hasta 1970. Lo siguieron Antonio Chacón, Emilio Vargas, Harold Ross, Mavel Sanchez y Carlos Hernandez, todos trabajaron en la Guardia de Asistencia Rural, y la mayor parte de los cuales eran profundamente involucrados en la comunidad. Un destacado ejemplo de la ética de servicio de la GAR es la plantación de palmas de coco frente la Playa Dominical; la mayor parte de estas palmas eran sembradas por Mavel Sanchez en los años 80.

Durante el tiempo que existía la GAR su contrapartida urbana se llamaba la Guardia Civil. Esta fuerza policial era más profesional que la GAR y mejor preparada para enfrentar la delincuencia urbana, pero faltaba el elemento de servicio comunal que era costumbre en las zonas rurales. A finales de los 90 el gobierno decidió unir ambas fuerzas de policía en una sola. El nuevo servicio, la Fuerza Pública, es hoy encargado de mantener ley y orden en todo el país. Es más profesional que la GAR y mejor preparada para enfrentar el crimen moderno, pero igual como la Guardia Civil, falta esa maravillosa mística de servicio comunal tan característica de la GAR. No estoy diciendo que no han trabajado bien, porque la mayor parte han trabajado con los recursos que tienen para mantener ley y orden. Pero la Fuerza Pública ha sido representada por una cadena continua de policías sin nombre quienes han pasado por Dominical y hecho su trabajo, solo para ser trasladado a otra parte y inmediatamente olvidado.

Recientemente una nueva fuerza policial ha sido formada, la policía turística. Esta parece ser bastante profesional pero también atenta a las necesidades de la comunidad. Fue organizada con el objetivo de hacer el país más seguro para el turismo, y para atender directamente a los delitos contra los turistas. Al mismo tiempo se están involucrando en las comunidades rurales, atrayendo así memorias de la Guardia de Asistencia Rural.

Dominical Days“Reprinted with the expressed permission of Dominical Days. All rights reserved.”

© Dominical Days S. A., Dominical, Osa, Puntarenas, Costa Rica

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